Murallas

Muralla de Urueña

Hoy en día, Urueña conserva el gran parte del recinto amurallado que originalmente cercaba la población en su totalidad, adaptándose al escarpado borde del páramo donde se asienta la villa.

La muralla encierra, en sí, una superficie de casi 7 hectáreas, articulando la población en torno a la calle que une las dos únicas puertas existentes en la misma: la del Azogue y la de la Villa.

La Puerta del Azogue, situada al norte, constituye la entrada principal de la villa. Se trata de un arco de medio punto flanqueado por dos cubos que crean un estrecho pasillo defensivo, preparado para proteger la villa de posibles ataques exteriores.

 

La Puerta de la Villa, al sur, es un arco apuntado que antiguamente portaba las armas de los Girón, condes de Urueña y señores de la villa. Aún conserva la ranura central para introducir la reja y huecos para los goznes de las puertas. Al abrirse abruptamente hacia el páramo, carece del sistema defensivo que encontramos en la del Azogue.

La muralla se asienta sobre los restos de una antigua cerca romana cuyos vestigios nos hacen pensar que abarcaba una extensión mucho mayor que la existente en la actualidad. No lejos de Urueña encontramos un pago conocido como “Los Castellares”, referido, con toda probabilidad, a la existencia en ese lugar de una fortificación muy antigua.

La actual construcción, que comenzó a levantarse aproximadamente cien años después del castillo, fue promovida por la infanta doña Sancha, hermana de Alfonso VII el Emperador y señora de la villa. Las obras se pueden datar entre mediados del siglo XII y comienzos del XIII, en un momento en que Urueña hacía de puente fronterizo entre los reinos de León y Castilla, razón por la cual se estimó conveniente dotarla de un fuerte sistema defensivo.

Hoy día podemos disfrutar de un agradable paseo por el adarve de la muralla en dos recorridos diferenciados:

  • El primero se sitúa en el lienzo sur, entre el castillo y la Puerta de la Villa, desde el cual se divisa el valle de la Ermita y las ruinas del antiguo monasterio benedictino del Bueso)
  • El otro a lo largo del lienzo oeste, entre la Puerta de la Villa y el mirador del Cubo Nuevo, desde el cual se puede divisar la inmensidad de Tierra de Campos y, en días claros, tanto la Sierra de la Culebra como los Montes de León.